Sostenibilidad en la industria cosmética

En líneas generales, cuando se tratan las temáticas ambientales, especialmente en lo que respecta al uso del agua y la energía, el foco se centra en las grandes industrias. Sin embargo, todas las actividades que hacen uso de materiales plásticos tienen un efecto sobre el entorno, el que es necesario conocer y remediar.

La industria cosmética, si bien por su dimensión tiene un peso reducido en la huella de carbono global, es uno de los principales generadores de emisiones en el sector de la salud. Esto se debe fundamentalmente al uso de equipos en los quirófanos y al tratamiento de los desechos generados durante las intervenciones.

Al llevarse adelante una operación para implante de gluteos, por ejemplo, se producen todo tipo de residuos que muchas veces son clasificados incorrectamente. La consecuencia directa de esto es un mayor gasto de agua, una de las problemáticas más serias de nuestro tiempo.

¿Es posible lograr una cirugía estética verde?

No obstante lo señalado anteriormente, el futuro es muy esperanzador. Alrededor del mundo, los centros de salud están haciendo cada vez más foco en la sostenibilidad y la reducción de los desperdicios que resultan de las prácticas cosméticas.

Un mayor control del uso de los dispositivos no esenciales durante los períodos de inactividad, por ejemplo, representaría un ahorro importante en el consumo eléctrico. Esto se reflejaría, además, en un menor empleo de combustibles fósiles para la generación de dicha electricidad, que es una de las principales fuentes de contaminación del planeta en la actualidad.

Asimismo, impulsar el cambio de los materiales utilizados, aprovechando la última tecnología en componentes, podría sustituir los plásticos altamente contaminantes por otros elementos con un impacto reducido sobre el ambiente. El resultado de esta decisión marcaría una gran diferencia en los efectos que una práctica como el implante de glúteos tiene sobre los reservorios de agua potable alrededor del mundo, tanto en los lugares de producción de los compuestos como en los países en donde se aplican.

Es de esperar que medidas de este tipo no solo representen un beneficio para la sostenibilidad ambiental, sino también un importante ahorro económico para las instituciones médicas.

Dotar de agua a las ciudades: reto vigente en el siglo XXI

Los acueductos urbanos no llevan un siglo existiendo, sino muchísimos más. Son harto conocidos ejemplos como los acueductos que funcionaban en la Antigua Roma y mantenían dotados de aguas no solo las cloacas sino los grandes baños públicos de la ciudad. También existen ejemplos en la Antigua Grecia o en grandes civilizaciones hidráulicas como Mesopotamia.

En el siglo XXI, el transporte de agua se ha tecnificado y ya llega a las ciudades e incluso, los pueblos más pequeños.

Una necesidad imperante

Nadie hoy imagina construir una casa sin váter o lavamanos. Aunque en el mundo existen regiones sumamente desfavorecidas donde no tienen acceso a agua directa a través de tuberías, eso no implica que la exigencia deje de ir en ese sentido. A partir de ahí es que hay que pensar es ¿cómo se lleva el agua a través de tuberías de manera constante a todos los rincones de una gran urbe?

Problema de infraestructura

Los acueductos ya no son unos pequeños espacios subterráneos destinados a lugares de baño común, sino que son redes de miles de tubos que parten de diferentes matrices. Una ciudad grande puede tener más de cuatro o cinco subsistemas de agua de los que se surte. El origen suele estar en varios ríos cercanos y dentro de toda la red se crean embalses.

El desarrollo de la infraestructura tiene diferentes retos; la lejanía de los ríos y también la altura de la ciudad. Ciudades como Bogotá o Quito, y en menor medida Ciudad de México y Caracas, requieren de una infraestructura avanzada que bombee el agua desde ríos y embalses que se encuentran a menor altura que la propia ciudad. Para ello, se suele pensar en la creación de embalses de gravedad, que sirvan para surtir pero también como contingencia.

¿Siempre será más agua?

El problema es que estas obras de gran infraestructura son sumamente costosas y no suelen costearse por parte de inversores privados debido a que no son demasiado rentables. También hay que considerar que las ciudades crecen en superficie y población, lo que demanda un mayor suministro de agua. Además, el agua hoy en día tiene un uso bastante mayor que antes, por lo que su consumo aumenta.

Estos escenarios plantean retos demasiado difíciles de resolver. Siempre será posible aumentar el caudal o hacer un nuevo acueducto, pero eso implica una inversión millonaria que puede no ser necesaria. En la planificación urbana debe incluirse siempre una expectativa mayor del aumento del consumo de agua y cómo puede distribuirse en la red existente y con nuevos proyectos, que traten de ser lo menos invasivo posibles.

Aunque ya sabemos cómo, llevar agua a las ciudades es un reto diario.

Acueductos romanos: obras maestras de ingeniería

Hoy en día, todos usamos electricidad y el desarrollo de redes eléctricas ha sido muy vertiginoso en el último siglo y medio. Pero en lo que respecta al agua, se trata de algo muy anterior. Uno de los mayores exponentes de la construcción de acueductos pensados para las ciudades fueron los romanos, que los desarrollaron a lo largo de todo su imperio.

Actualmente, algunos de esos acueductos todavía funcionan y sus grandes engranajes, llenos de arcos, son un ícono distintivo de muchas ciudades en diferentes latitudes, como Segovia o Estambul. Pero, ¿cómo funcionaban y cuál era su objetivo principal?

¿De qué se componen los acueductos?

La construcción de cada acueducto romano no es casual. Su origen se situaba en un manantial de agua, que puede ser subterránea o de un río. Desde ahí, una red de construcciones, generalmente visibles con arcos o canales situados a nivel del suelo transportaban el agua hasta un depósito, conocido como caput aquae en latín.

Para llevar esa agua de un punto a otro, muchas veces se necesitaban construcciones especiales para transportar el agua por gravedad en pendientes, o para atravesar obstáculos naturales. Desde ahí hasta la distribución interna en la ciudad, se solía construir a ras de suelo, pero si la pendiente iba en contra, la solución era enterrar el acueducto y crear un efecto contrario de gravedad.

Por esas razones, las construcciones de arcos, que hoy por hoy son las más distintivas arquitectónicamente, se solían hacer al existir obstáculos naturales o en el momento de la distribución.

Los acueductos más famosos

En la ciudad de Roma no había un solo acueducto, sino que se constituyó una red de acueductos, provenientes de diferentes manantiales a las afueras de la ciudad. El primero de ellos fue Aqua Appia, construido alrededor del 312 a.C. y que no goza de la magnanimidad arquitectónica tradicional porque era un acueducto subterráneo en la mayor parte de su recorrido.

Hoy en día conocemos a los acueductos por sus arquerías. Uno de los más famosos está en España, pues en plena ciudad de Segovia se puede ver el curso de este acueducto irrumpiendo. En Túnez, el acueducto de la antigua Cartago o Zaghouan también conserva partes de su recorrido. A la ciudad de Constantinopla la surtía el Acueducto de Valente, que es hoy también un monumento arquitectónico.

Ciudades sin agua: ¿es culpa de los acueductos?

Para pensar en el futuro de una planificación urbana, es indispensable tener en cuenta ejemplos positivos y negativos del desarrollo de los acueductos que llevan agua a la ciudad. Caracas, la capital de Venezuela, es uno de muchos ejemplos de lo que puede ir mal en el desarrollo de un acueducto para surtir una ciudad y los retos que este presenta. Pero, ¿el responsable es realmente el acueducto?

Racionamiento

El diagnóstico de la capital venezolana es claro. Sus habitantes pasan, en promedio, cinco días a la semana sin agua, a raíz de un racionamiento programado. A la capital la surten tres sistemas que están, por problemas de mantenimiento e infraestructura, muy por debajo de sus capacidades. Esos tres sistemas vienen del mismo río, el Tuy, un curso de agua cerca de la capital.

La construcción del sistema Tuy IV, que solventaría el déficit de agua en la ciudad y evitaría que deba buscarse agua a más de 100 kilómetros, en el embalse de Camatagua, aún no se ha concretado. Asimismo, los diferentes embalses de gravedad ubicados en los linderos de la ciudad tienen un funcionamiento deficiente. Todo esto sumado a los problemas eléctricos que existen y dificultan el bombeo de agua.

Pozos como solución

La situación del agua en Caracas no es ninguna novedad, pues incluso Gabriel García Márquez escribió una crónica de eso cuando vivió en la ciudad. La planificación del acueducto metropolitano es acorde, pero no se ha puesto en práctica. Ante eso, muchos gobiernos locales y empresas privadas han optado por la instalación de pozos de agua profunda, lo que es motivo de preocupación al poder alterar el nivel freático de la superficie.

Recoger agua de la lluvia: eficiente pero costoso

La dificultad de hacer nuevos acueductos, la contaminación generada por las plantas desalinizadoras y la degradación del medio ambiente son retos mayúsculos que se están presentando en las grandes ciudades y es por eso que recoger agua de la lluvia y procesarla como un sistema interno urbano de tuberías y distribución se ha vuelto una opción cada vez más frecuente.

La lluvia es algo constante en muchas regiones. Aunque la frecuencia y la intensidad varía, es una opción ecológica, pero las inversiones no son tan rentables.

Desarrollar nuevas tuberías para un caudal escaso

La lluvia no cae en un solo lugar, pero para recogerla, sí hay que tomarla de un solo sitio. Es por eso que el lugar a escoger para recogerla no puede ser casual. Además, hay que desarrollar un sistema de captación con tuberías e incorporarlas al acueducto. Todo eso resulta en una inversión fuerte de dinero que puede simplemente no estar operativa gran parte del año, en sequía, y que aun así requiere mantenimiento.

Los beneficios de recoger agua de la lluvia no se pueden objetar, especialmente si son a pequeña escala. Pero para pensar en ciudad, es necesario mejorar técnicas y procesos, para conseguir más eficiencia.

Agua de la lluvia para zonas remotas: ¿es una solución?

El mundo está lleno de zonas remotas. Llevar infraestructura eléctrica, de telecomunicaciones y de acueductos es bastante complicado, especialmente si son zonas con una densidad poblacional muy escasa. Es ahí donde la captación de agua de lluvia se ha convertido en una herramienta eficiente para surtir de agua corriente a las comunidades aisladas. Pero, ¿qué retos representa?

Construcción de una central de captación

Aunque ecológicamente sustentable, la tecnología de captación de agua de lluvia para centros urbanos o rurales no es precisamente económica. Si se está pensando en abastecer a un pueblo entero, entonces es necesario que alguna institución construya una de estas pequeñas centrales y su conexión con las tuberías de la zona.

No obstante, a nivel doméstico sí es posible tener sistemas de captación de agua de lluvia mucho más eficientes y sencillos. En una casa se puede tener en su parte superior diferentes tanques de almacenamiento que estén conectados con el sistema de tuberías de la residencia. A ellos habrá que hacerle el debido mantenimiento, pero es una inversión a futuro pensando en la sostenibilidad, como también puede hacerse con los paneles solares.